A todos nos gusta el fin de año. Es un ritual para reorganizar las piezas y preparar una estrategia para conseguir nuestros objetivos.
Hay quien se resiste a estos folclorismos, pero hasta el más cínico tiene el impulso de plantear un año mejor.
Dejar de fumar, emprender un negocio de venta de frutas ambulante, reparar un Buick del 77, el tejado de la casa, o un pedacito de nosotros mismos. Cada cuál con su locura.
Hay muchas formas de hacerlo, pero a mí me gusta plantear objetivos en lugar de propósitos. Es decir, hitos definidos y alcanzables.
Ahí van los de 2026:
This post is for subscribers only
Subscribe to continue reading