Las cinco burbujas de la inteligencia artificial

Con las manos en los bolsillos y una sonrisa de tímida satisfacción, Matthew Gallager, 41, posa frente a las cámaras del New York Times. De fondo unos setos y un hierbín verde que poco recuerdan a Los Ángeles. Pero ahí es donde vive.

Por los tatuajes de línea fina que asoman por sus brazos, sudadera remangada, y el pelo rizado a medio peinar, uno apostaría a que Matthew bebe cervezas IPA artesanales y desayuna en un Starbucks mientras trabaja con un MacBook Pro. Pero no es así. Bueno, puede que vaya al Starbucks, pero Matthew trabaja desde casa, y ha construido la primera startup con una valoración de más de mil millones de dólares con un único empleado utilizando inteligencia artificial.

El fotógrafo del New York Times busca un haz de luz en el atardecer californiano. Mathew entrecierra los ojos con campechana naturalidad. La foto captura la esencia de una nueva era: una era donde un "americano de a pie" puede construir un imperio milmillonario desde su habitación, gracias al poder de los Grandes Modelos de Lenguaje.

Sam Altman lo había predicho:

"Vamos a ver empresas de 10 personas con valoraciones milmillonarias muy pronto… en mi pequeño grupo de chat con mis amigos CEOs tech tenemos una porra para ver en qué año tendremos un one-person billion-dollar company, cosa que sería inimaginable sin IA. Ahora es cuestión de tiempo que ocurra."

Matthew Gallagher es el elegido. Según el New York Times, en un correo Sam Altman presume de haber ganado la porra, y dice que “le gustaría conocer a ese tío”.

“Ese tío” ha creado una empresa de telemedicina “utilizando IA para escribir el código del software de la compañía, para producir el copy de la página web, para generar vídeos e imágenes para los anuncios y para gestionar la atención al cliente. Creó sistemas de IA para analizar el rendimiento del negocio”.

Básicamente, para todo.

Dos meses, 20.000 dólares, y una docena de herramientas de inteligencia artificial. Y a volar.

El New York Times pone una pequeña pega en el artículo: cuando el negocio despegó, Gallagher contrató a su hermano, por lo que técnicamente no es ese one-person billion-dollar company. Pero, más o menos, sigue siendo igual de épico.

O lo sería.

Si no fuera porque MEDVI, la empresa de telemedicina creada por Gallagher, es en realidad una compañía que usa deepfakes y otros engaños que posibilita la IA generativa para hacer anuncios en internet y vender Ozempic a sus clientes cueste lo que cueste.

Aunque eso implique utilizar doctores falsos.

O utilizar afiliados que han bombardeado con más de 100.000 correos spam a un grupo de personas que ha interpuesto una demanda colectiva en California.

El artículo del New York Times se viralizó dos veces: la primera, cuando aquellos que se benefician del hype lo compartieron en todos los medios. La segunda, cuando se descubrió el ridículo periodístico de un reportaje que representa metafóricamente la constante en este nuevo mundo: levantas una piedra y te salen dos mentiras y una media verdad.

Esa constante se repite en cada ámbito de conversación de la IA. Se repite cuando se habla de los ingresos que generará la IA a las empresas, cuando se habla de las próximas carreras profesionales, del futuro de internet, y del mundo mismo.

Hoy vamos a hablar de las cinco burbujas de la inteligencia artificial.

Vamos a hablar de la burbuja de la automatización en los negocios.

La burbuja de las “AI skills”.

La burbuja de los tokens.

La burbuja de la infraestructura.

Y la burbuja del contenido.

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